Deficiencias: ¿Qué necesitan las plantas?

Reconocimiento y tratamiento de las deficiencias nutricionales

A menudo podemos pensar que nuestro cultivo está enfermo cuando observamos hojas descoloridas y marchitas, frutos manchados o un crecimiento débil y retardado. En estos casos, el agricultor suele sospechar inmediatamente de la presencia de plagas o enfermedades. Sin embargo, recurrir de inmediato a los pesticidas es un error, ya que, en muchas ocasiones, el problema es una deficiencia nutricional. Esta no se puede solucionar con productos fitosanitarios y, además, su uso innecesario introduce grandes cantidades de productos químicos en el medio ambiente.

¿Qué falta y cuándo?

A principios del verano, las plantas que ya están en crecimiento han consumido gran parte de los nutrientes disponibles en el suelo, así como aquellos aplicados en el momento de la siembra o trasplante. Muchos cultivos de siembra temprana, como los de primavera, ya han alcanzado la fase de formación de semillas y frutos, en la cual los requerimientos nutricionales son especialmente altos.

Los cultivos de verano trasplantados o sembrados directamente en el suelo, como el tomate, el pimiento, el pepino y las coles, se encuentran en una fase de desarrollo vegetativo activo: están fortaleciendo sus tallos y hojas en preparación para la floración y la fructificación.

A medida que disminuye la disponibilidad de nutrientes en el suelo durante el ciclo de crecimiento, es fundamental reponerlos para evitar la aparición de deficiencias nutricionales. Estas suelen manifestarse con mayor frecuencia entre la floración y la maduración de los frutos.

Síntomas

Los síntomas de deficiencia nutricional pueden confundirse fácilmente con enfermedades fúngicas o bacterianas, e incluso con los daños causados por plagas. En términos generales, las plantas pueden presentar un crecimiento débil o deformado, decoloraciones en las hojas y frutos, así como anomalías en la forma de las hojas y frutos. Otros indicios de deficiencia nutricional incluyen una reducción o ausencia de floración, caída prematura de flores o mala fijación de los frutos. La mejor estrategia es la prevención, pero si los síntomas ya han aparecido, es crucial reconocerlos correctamente. Una vez repuestos los nutrientes y microelementos necesarios, las plantas pueden recuperarse rápidamente.

El barón alemán y los cereales

Justus von Liebig, científico y químico alemán, fue uno de los primeros en estudiar las necesidades nutricionales de las plantas a nivel elemental. Su investigación sentó las bases de la química agrícola como disciplina científica. Diferenció los macro, meso y microelementos esenciales para el desarrollo saludable de las plantas y describió los efectos de la deficiencia de estos elementos en los organismos vegetales.

Su teoría más influyente, la Ley del Mínimo de Liebig, establece que el crecimiento de una planta está limitado por el nutriente que se encuentra en menor cantidad en el suelo. En otras palabras, no importa cuánto nitrógeno haya disponible si hay deficiencia de fósforo o potasio; la planta manifestará síntomas de carencia y no podrá crecer adecuadamente. Además, un desequilibrio en la concentración de un solo nutriente puede impedir la absorción de otros elementos esenciales.

Ley del Mínimo de Liebig constituye la base de la reposición moderna de nutrientes en los cultivos. (Fuente: Pinterest.com)

Sus resultados han sido elogiados y criticados de diversas maneras, pero en última instancia, el trabajo de Liebig sentó las bases de la reposición de nutrientes en la agricultura.

La Ley del Mínimo de Liebig establece que las plantas solo pueden aprovechar los nutrientes disponibles en función del elemento presente en menor cantidad en el suelo. En la práctica, esto significa que, aunque haya suficiente nitrógeno, si el fósforo o el potasio son deficientes, las plantas mostrarán síntomas de carencia y no podrán desarrollarse adecuadamente. Además, si un solo nutriente se aplica en exceso, se crea un desequilibrio que puede impedir la absorción de otros elementos esenciales.

Micro y macroelementos

Las plantas necesitan 17 tipos de nutrientes para su desarrollo. Sin embargo, su disponibilidad debe ajustarse a diferentes proporciones, etapas de crecimiento y cantidades. Algunas especies tienen una mayor demanda de nitrógeno, mientras que otras requieren más potasio. Además, dentro de una misma planta, las necesidades de nutrientes varían en cada fase de su ciclo de vida. Los nutrientes se dividen en tres categorías principales:

  • Macronutrientes: Nitrógeno (N), Fósforo (P), Potasio (K), Carbono (C), Oxígeno (O) e Hidrógeno (H).
  • Mesoelementos o nutrientes secundarios: Calcio (Ca), Magnesio (Mg) y Azufre (S).
  • Micronutrientes o elementos traza: Hierro (Fe), Zinc (Zn), Manganeso (Mn), Boro (B), Cobre (Cu), Cloro (Cl), Molibdeno (Mo) y Níquel (Ni).

Diferentes deficiencias nutricionales

Cada deficiencia de nutrientes causa síntomas específicos en las plantas. Es importante analizar cualquier anomalía para determinar si es consecuencia de la carencia de uno o más elementos esenciales.

Deficiencia de nitrógeno

El nitrógeno es fundamental para el desarrollo de las raíces y los órganos vegetativos, como tallos y hojas. Su ausencia provoca un crecimiento retardado, hojas amarillentas y rígidas, y una coloración general pálida de la planta. El síntoma inicial de la deficiencia de nitrógeno aparece en las hojas inferiores y más viejas, que se tornan de un tono amarillo claro y pierden vitalidad.

La deficiencia de nitrógeno siempre aparece primero en las hojas inferiores. (Foto: Pinterest.com)

Las hojas se decoloran de manera uniforme, volviéndose pálidas y luego amarillas. No hay diferencia en la coloración entre las venas, los bordes y las zonas entre las venas de las hojas. Además, debido a un sistema radicular débil y atrofiado, la absorción de nutrientes se vuelve más difícil. Todas las plantas cultivadas necesitan nitrógeno para su desarrollo adecuado.

Deficiencia de fósforo

El fósforo desempeña un papel crucial en la fotosíntesis, la formación de raíces, la respiración y otros procesos biológicos esenciales. También se encuentra en los reservorios de nutrientes de las semillas, siendo fundamental para la formación de frutos, influyendo tanto en su cantidad como en su calidad. Cuando hay una deficiencia de fósforo:

  • Las hojas primero adoptan una posición erecta y rígida.
  • Posteriormente, adquieren una coloración rojiza o púrpura.
  • El crecimiento de la planta se ralentiza, los tallos permanecen delgados, la floración se retrasa, y las hojas son más pequeñas y menos numerosas de lo habitual.

Los cultivos con mayor demanda de fósforo incluyen la cebolla, la lechuga y el maíz.

Síntoma característico de la deficiencia de fósforo en las hojas. (Foto: Pinterest.com)

Deficiencia de potasio

Muchas plantas requieren grandes cantidades de potasio, como el frijol verde, el tomate y la zanahoria. Un suministro adecuado de potasio:

  • Aumenta la resistencia de las plantas a condiciones adversas.
  • Favorece la producción de pigmentos, mejorando la coloración de hojas y frutos.
  • Incrementa el contenido de azúcar, proteínas y vitaminas en los frutos, mejorando su calidad nutricional.
La deficiencia de potasio suele manifestarse en las hojas más viejas (Foto: Pinterest.com)

Un buen suministro de potasio permite que los frutos permanezcan frescos por más tiempo y sean más resistentes a factores externos. En caso de deficiencia de potasio, los síntomas aparecen tardíamente, afectando principalmente a las hojas más viejas. Los signos característicos incluyen:

  • Decoloración amarillenta que comienza en los bordes de las hojas o en la punta, extendiéndose entre las venas.
  • Necrosis marrón, que inicia en los márgenes de la hoja y progresa hacia el interior del limbo foliar.

Deficiencia de calcio

La falta de calcio provoca que las hojas de las plantas se deformen, sean pequeñas y desarrollen anomalías estructurales. El calcio es un componente esencial de la pared celular vegetal, y su presencia en niveles óptimos es crucial para la estructura y calidad del fruto. Cuando hay deficiencia de calcio:

  • Los tejidos del fruto se ablandan y adquieren un tono marrón, afectando su consistencia.
  • Las hojas presentan deformaciones, lo que impacta negativamente en el crecimiento de la planta.
La deficiencia de calcio produce síntomas característicos en los frutos. (Foto: Pinterest.com)

Los síntomas más notorios de la deficiencia de calcio en las hojas incluyen:

  • Necrosis seca y marrón en las áreas entre las venas.
  • Manchas marrones que comienzan en los bordes o en la punta de la hoja y progresivamente se extienden por todo el limbo foliar.
  • Hojas jóvenes enrolladas hacia el envés en forma de cuchara.
  • Muerte del ápice de crecimiento, que en climas secos se vuelve quebradizo y seco como papel, mientras que en condiciones húmedas se descompone con una textura mucilaginosa.

Deficiencia de magnesio

En la horticultura, la aplicación de magnesio es fundamental, ya que los cultivos hortícolas requieren mayores cantidades de este nutriente en comparación con los cultivos de campo abierto. El magnesio se incorpora principalmente a las hojas y, a diferencia de los cultivos extensivos, no se recicla dentro de la planta, lo que hace necesario su suministro continuo.

Decoloración amarillo brillante como síntoma de deficiencia de magnesio. (Foto: Pinterest.com)

La deficiencia de magnesio se manifiesta principalmente en las hojas, con una decoloración amarilla brillante que comienza en los bordes o la punta y avanza hacia el interior del limbo foliar a lo largo de las venas. A diferencia de otras clorosis, esta decoloración nunca es pálida ni amarillenta sucia, sino que se presenta con un tono amarillo intenso y brillante.

Deficiencia de azufre

El azufre es el sexto elemento más importante para las plantas. Su deficiencia en los suelos se debe principalmente a la reducción del uso de fertilizantes orgánicos, lo que ha llevado a una menor disponibilidad de este nutriente. Además, el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados y fosforados dificulta aún más la absorción de azufre por las plantas. Existen cultivos con alta demanda de azufre, entre ellos:

  • Hortalizas: las crucíferas (como el brócoli, la coliflor y la col) y las liliáceas (como la cebolla y el ajo).
  • Cultivos de campo: la alfalfa, la colza y el tabaco.

Los síntomas de deficiencia de azufre pueden parecerse a los de deficiencia de nitrógeno, lo que puede dificultar su diagnóstico.

Las hojas de las plantas adquieren una coloración amarillenta característica debido a la deficiencia de azufre. (Foto: Pinterest.com)

Las hojas de las plantas se tornan amarillas, y toda la planta adquiere un tono amarillento generalizado. Sin embargo, en la deficiencia de azufre, la clorosis comienza en las hojas más jóvenes, a diferencia de la deficiencia de nitrógeno, que afecta primero a las hojas más viejas. Las plantas con déficit de azufre suelen ser más pequeñas de lo normal, y si la deficiencia ocurre en las primeras fases del desarrollo, su crecimiento será débil y atrofiado.

Deficiencia de hierro

Entre los micronutrientes, la deficiencia de hierro es la que presenta los síntomas más notorios y, al mismo tiempo, es una de las más difíciles de corregir.

  • En casos leves, las hojas más jóvenes presentan una decoloración amarillo verdoso.
  • Con el agravamiento de la deficiencia, las zonas entre las venas adquieren un tono amarillo limón o naranja.
  • Los síntomas comienzan en las hojas más jóvenes, manifestándose primero como rayas amarillo-blanquecinas, y en los casos más severos, las hojas pueden volverse completamente blancas.
La deficiencia de hierro se manifiesta con un estriado amarillo-blanquecino. (Foto: Pinterest.com)

Deficiencia de zinc

El zinc, al igual que el boro, es un micronutriente esencial, desempeñando un papel crucial en la fertilización del polen y en el éxito de la formación del fruto. Los cultivos con alta demanda de zinc incluyen:

  • Cereales y leguminosas: maíz, frijol, soya.
  • Cultivos industriales: lúpulo, lino.
  • Frutales y viñedos: vid y la mayoría de los cítricos.
  • Plantas medicinales: ricino.
El maíz es un cultivo con una alta demanda de zinc. (Foto: Szabolcs Dinga)

En caso de deficiencia de zinc, los síntomas pueden ser difíciles de identificar con precisión. Sin embargo, los signos más comunes incluyen:

  • Deformaciones en las hojas.
  • Hojas más pequeñas de lo normal.
  • Manchas decoloradas entre las venas de las hojas.

Deficiencia de boro

El boro, junto con el zinc, es esencial para el desarrollo saludable del polen y la viabilidad de los granos de polen. Sus funciones clave incluyen:

  • Facilitar la absorción de otros nutrientes.
  • Regular la diferenciación y elongación de las células meristemáticas.
  • Jugar un papel fundamental en la estructura de la pared celular.

La falta de boro puede ser una de las principales causas de mala fertilización y ausencia de formación de frutos.

El boro es uno de los elementos clave para una buena fructificación. (Foto: Pinterest.com)

Las plantas con deficiencia de boro presentan una menor eficiencia en el uso del agua, lo que dificulta su resistencia a la sequía. Los síntomas más comunes incluyen:

  • Decoloración en las hojas más jóvenes.
  • Necrosis en los tejidos de crecimiento.
  • Desarrollo radicular deficiente.

Las plantas afectadas por la falta de boro se marchitan más rápido y muestran síntomas de deshidratación antes que las plantas sanas.

Prevención y tratamiento de deficiencias con la tecnología Biomit

Es preferible prevenir los síntomas de deficiencia en lugar de tratarlos. Una vez que aparecen, pueden afectar significativamente el desarrollo del cultivo, y su corrección requiere mayor esfuerzo y costos en comparación con una estrategia preventiva basada en tecnologías integradas.

La mejor forma de prevención es crear un entorno equilibrado para la planta desde la siembra o trasplante, asegurando que los nutrientes estén disponibles en cantidad suficiente, en forma asimilable y en proporciones equilibradas.

Ácidos húmicos

Se recomienda la aplicación de Biomit Genesis, un ácido húmico de alta concentración, antes de la siembra o el trasplante, o en el mismo proceso. Los ácidos húmicos, también conocidos como humato de potasio, son solubles en agua, mejoran la estructura del suelo, favorecen una composición equilibrada del sustrato y facilitan la absorción de nutrientes por las plantas. Estos compuestos se obtienen a partir de un tipo especial de compuesto de carbono llamado leonardita, con efectos beneficiosos a largo plazo para el suelo y las plantas.

Tecnología de tratamiento del suelo en conjunto con el trasplante. (Foto: Szabolcs Dinga)

Los ácidos húmicos por sí solos pueden mejorar el estado general de las plantas, ya que aumentan la fotosíntesis y favorecen la proliferación de cloroplastos, lo que intensifica la coloración verde de las hojas. Además, poseen un importante efecto quelante, lo que significa que pueden activar los microelementos inmovilizados en el suelo, transformándolos en una forma asimilable para las plantas.

Gracias al tratamiento con ácidos húmicos:

  • El suelo mejora su estructura y se vuelve más rico en nutrientes.
  • Las plantas desarrollan raíces más fuertes, aumentando su capacidad de absorción.
  • Los cultivos se vuelven más resistentes a condiciones adversas.

Humus de lombriz

Junto con los ácidos húmicos, el humus de lombriz es otro recurso clave para la mejora del suelo. Diferentes especies de anélidos, como la lombriz de tierra, la lombriz roja californiana y la lombriz silvestre, procesan materia orgánica a través de su metabolismo, generando sustancias húmicas altamente beneficiosas para la nutrición de las plantas. Durante su paso por el sistema digestivo de las lombrices, la materia orgánica se enriquece con enzimas y microorganismos beneficiosos, favoreciendo el desarrollo de una vida microbiana rica en el suelo. El humus de lombriz proporciona un hábitat ideal para bacterias y hongos beneficiosos, los cuales forman una relación simbiótica con las raíces de las plantas, mejorando su crecimiento y salud.

El Biomit Terra, un acondicionador de suelos, contiene humus de lombriz en alta concentración en forma líquida. Gracias a su formulación en suspensión acuosa, permite que tanto las plantas como los microorganismos del sueloaccedan fácilmente a los nutrientes y enzimas presentes en el humus de lombriz. Esto acelera los efectos positivos en la estructura y fertilidad del suelo, garantizando beneficios a largo plazo para los cultivos.

Condicionamiento basado en el sistema Suelo-Micorriza-Planta. (Foto: Biomit World)

Se recomienda aplicar ambas tecnologías (ácidos húmicos y humus de lombriz) antes de la siembra o el trasplante, o simultáneamente con estos procesos. Esto permite reducir significativamente tanto la aparición de síntomas de deficiencia nutricional como el riesgo de enfermedades bacterianas y fúngicas en los cultivos.

Tratamiento

Si los síntomas de deficiencia ya han aparecido, es fundamental actuar lo antes posible para tratar el cultivo. La recuperación de una deficiencia es un proceso lento, ya que las plantas necesitan tiempo para incorporar y asimilar los nutrientes suplementados. Para el tratamiento, se recomienda el uso de fertilizantes foliares, ya que:

  • Se aplican directamente sobre las hojas y tejidos verdes.
  • Se absorben a través de las paredes celulares, permitiendo que las plantas accedan rápidamente a los nutrientes esenciales.

El Biomit producto fitorregulador es una solución eficaz para corregir deficiencias de micro y mesoelementos, proporcionando a la planta los nutrientes esenciales para su recuperación. Con su aplicación, se pueden reponer de manera rápida y eficiente:

  • Cobre (Cu)
  • Zinc (Zn)
  • Hierro (Fe)
  • Boro (B)
  • Manganeso (Mn)

Además, su contenido de microdolomita mejora la adherencia del producto en la superficie de las hojas, garantizando una cobertura uniforme y una absorción óptima.

Las plantas con deficiencia de nutrientes son más vulnerables al ataque de plagas (daño causado por la polilla nocturna). (Foto: Szabolcs Dinga)

La dolomita también proporciona protección contra plagas masticadoras, como los escarabajos de las hojas y las orugas de las polillas nocturnas. Esto representa una gran ventaja, ya que las plagas suelen atacar primero las plantas debilitadas por deficiencias nutricionales.

Con el uso de la tecnología Biomit, es posible reponer simultáneamente los micro y mesoelementos esenciales y, al mismo tiempo, proteger los cultivos contra las plagas.

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